La indiferencia
Si tenemos que analizar la situación de las bibliotecas públicas y bibliotecas populares en la Argentina, tarde o temprano nos encontraremos con una gran indiferencia y apatía respecto al tema. Poco sirve buscar en la historia las causas de esta indiferencia, o echarle la culpa a la ausencia de las bibliotecas, la pobreza de sus colecciones o la atención indiferente, que generan -casi por obligación- a aquellos que son indiferentes a las bibliotecas.
Las bibliotecas son sólo una parte de otros campos que se encuentran igualmente abandonados como la educación, la investigación, o campos en los que los intereses económicos han logrado cubrirlos con su propias significaciones: el esparcimiento, la opinión pública, la ciudadanía. En un mundo en el que los discursos son todo menos ingenuos y en el que no importa lo que significan las palabras de las cuales están compuestas, sino que ellas son comprendidos como instrumentos al servicio de intereses determinados, también se espera de la biblioteca un discurso al servicio de algún interés particular o sectorial.
¿Cómo se posiciona la biblioteca en este contexto? ¿Busca alianzas? ¿Con quienes y para quienes? Las alianzas tradicionales se han roto. La educación desconoce a las bibliotecas, las reduce a su funcionalidad, le aplica -a la mejor manera neoliberal- evaluaciones de costo-beneficio, las considera decorativas o depósitos de materiales: centros de recursos para ..., como reza el eufemismo. La clase media, tradicional sostenedora de las bibliotecas, aliadas en el ascenso social, las ha descartado felizmente, reemplazándolas por la televisión, el cable y la internet. Son demasiado caras para continuar manteniéndolas, cuando es más sencillo pagar un abono para un entretenimiento y el estudio "light" que prometen las universidades privadas y las nuevas carreras orientadas al mercado laboral.
Quizás los bibliotecarios tenemos que plantearnos seriamente cuáles son nuestros aportes al "discurso" y sobre todo, cuál es el "discurso" que ofrecemos a las personas. No podemos esperar a que nos descubran, sino que tendremos que buscar nosotros mismos los espacios en los que somos bienvenidos. Esta nueva era de la tecnología, las conexiones ha movido más de un terreno firme y lo ha convertido en un lodazal.
No necesitamos pedirle nada a nadie, ni rogar por un rincón a la luz.
Encontraremos mejores lugares y espacios que nos permitan crecer. Las "rotas cadenas" no son más que oportunidades para buscar nuevos aliados, para fortalecernos, profundizando y enriqueciendo ese núcleo, que es y que ofrece la biblioteca pública y popular a las personas: un espacio, un lugar, para descubrir voces, para decir, para ser escuchado y para encontrarse entre iguales.